Cuento "Donde toda vida importa"


Había una vez una joven llamada Alma, que decidió irse de vacaciones a los Alpes franceses con su perra Canela. 

Juntas, recorrieron los verdes prados y exploraron las grandiosas montañas con inmensos lagos, disfrutando de la inmensidad y belleza del lugar. Un día, mientras paseaban por un pequeño pueblo, Canela olfateó algo entre las hojas.

Alma se acercó curiosa y, para su sorpresa, vió a un pichón de paloma temblando entre las ramas. 

Era tan pequeña y frágil que casi no podía moverse. Alma la recogió con cuidado en sus manos y la observó con ternura y detenimiento, para ver si se encontraba bien.

—¡Ai, pobrecita! —dijo Alma— No puedo dejarle aquí, necesita ayuda y está tan sola y asustada...

Así que decidió llevarla al veterinario, quien le explicó que el pichón necesitaba cuidados especiales al ser un bebé y que no podría volver a vivir en libertad sin ayuda.  

Alma tenía claro que no podía dejarla sola en la montaña, así que decidió llevarla consigo a Barcelona, donde vivía, para cuidarle hasta que estuviera completamente recuperada.

Maxime, como le pusieron al pichón, pronto se convirtió en parte de la familia. Canela y Alma le daban todo el amor y los cuidados que necesitaba. 

Maxime vivió en el jardín de su casa, convirtiendo una parte, en un voladero,y así poder vivir rodeada de flores y árboles y volar libremente.

Sin embargo, Maxime pasó por momentos difíciles. Una enfermedad la hizo estar muy débil durante varias semanas. 

Alma nunca la dejó sola. Se quedaba a su lado, dándole los medicamentos, preparándole la comida más rica, y dándole todos los cuidados que ella necesitaba. Canela también estaba a su lado, siempre tranquila, como si supiera que Maxime necesitaba apoyo.

Finalmente, gracias al amor y cuidados de Alma, se recuperó por completo. Pero al ser invierno, en lugar de liberarle, Alma decidió acoger a otro compañero para Maxime, para que pasara el invierno segura, ya que aun no era adulta del todo. 

Encontró a una paloma llamado Sunday, que vivía la misma situación Maxime. Sunday no podía volar del todo bien aún, y Alma pensó que podría ayudarle, al tener un jardín grande para volar durante todo el día y así Maxime podría vivir en compañía mientras pasaba el invierno.

Maxime y Sunday se hicieron inseparables. Paseaban y volaban por el jardín juntos, y poco a poco, nació algo muy especial: el amor.

 Alma los observaba, feliz de ver cómo se cuidaban mutuamente. Canela también estaba contenta con la llegada de Sunday, pues la familia había crecido aún más.

Cuando llegó la primavera, Maxime y Sunday ya estaban listos para ser liberados, pero antes de irse, hicieron algo muy especial: pusieron un par de huevitos en el nido que habían preparado con tanto cariño. Y todos esperaron con ilusión la llegada de los pequeños.

Finalmente, el día de la liberación llegó. Alma abrió la puerta del voladero, y Maxime y Sunday volaron juntos hacia el cielo, pero, sorprendentemente, no se fueron muy lejos. Al cabo de un rato, volvieron al jardín de Alma y Canela, un lugar seguro y lleno de amor.

Maxime y Sunday habían construido su nido en lo alto de un árbol con flores rosadas preciosas, y poco después, nacieron sus pequeños pichones. Alma, Canela y todos los que pasaban por allí, se alegraban al ver cómo la familia vivía libre y feliz. 

Cada día, Alma les dejaba semillas y agua fresca, observando con cariño cómo Maxime y Sunday enseñaban a sus hijos a volar.

Y así, en ese hermoso jardín, Alma, Canela, Maxime, Sunday y sus hijos vivieron felices, comprendiendo que el amor y el respeto entre especies hace que este mundo sea un lugar más bonito y respetuoso para todos.


🕊️ Moraleja: 

Todos los seres, sin importar la especie, merecemos cariño, respeto y cuidado. 

Ayudar a los demás nos enseña el verdadero valor del respeto y amor incondicional. 

Una de las experiencias más bonitas que se puede vivir, es el acompañar al otro cuando necesita ayuda. 

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